Mitología empresarial

A un amigo mío (directivo de Marketing de una empresa farmacéutica) y a mi nos gusta filosofar juntos, de vez en cuando, y ahora con lo del confinamiento nos ponemos aún mas profundos y hemos dado en titular “mitología empresarial” la disciplina que estamos inventando y que algún publicaremos en forma de libro.

Esta mañana, me comentó en una de nuestras reuniones telemáticas de estos días de encierro, me acordé de una de nuestras últimas reuniones en la empresa… (hablaba como con nostalgia de algo ya desaparecido):

Me di cuenta en la reunión de dirección, dijo, de un fenómeno que vengo observando desde hace tiempo y es la cantidad de ideas sin base en evidencias que lanzamos y que nos aceptan como dogmas:

  • En plena discusión de presupuestos el colega de comercial nos recordó que no vivimos nuestro mejor momento y que los presupuestos los hacemos cada vez peor porque no podemos prever lo que va a ocurrir ni siquiera a corto plazo.
  • El de Producción aprovechó el momento para colar su eterna cantinela recordándonos que cuando él comenzó su carrera había menos medios, pero se trabajaba mejor, se hacía todo más despacio y con más cuidado y que ahora todo el mundo va como loco.
  • Tardamos más de lo habitual en oír al de “personal” (el director de Talento, compromiso y felicidad le corregí inmediatamente yo…), y lo hizo colando su queja favorita: que los milenials que estamos incorporando son como zombis, que lo primero que preguntan es por las perspectivas de conciliación y que antes la gente era más madura y mucho más responsable y que así nos va…
  • Yo, añadió al final, tuve la tentación de rematar con lo mío, es decir con que antes los clientes compraban por motivos lógicos y sensatos y ahora parece que se han vuelto majaretas; pero no lo dije, me mordí la lengua porque nos habíamos metido otra vez en la típica fantasía mitológica…”
  • ¿Fantasía mitológica? -le pregunté.
  • “Si. Yo la llamo fantasía o mito de la edad de oro. Tengo observado –continuó diciendo mi amigo- que aparece en las reuniones en la que se habla de futuro, de estrategia. Tenemos muy metido en la cabeza la falsa idea de que existió realmente un tiempo mejor y de que estamos viviendo en un nivel inferior al de antaño. Admitimos todo el progreso que quieras, pero, en el fondo de cada uno, prevalece una imagen muy profunda del paraíso perdido del que todo proviene.
  • He comprobado que este fenómeno se da en cada uno de nosotros de igual manera que en los grupos. Cuando aparece en una reunión su efecto es inmediato y fulminante: frena su progreso e instala la discusión en un nivel desde el que es muy difícil generar ideas productivas e ilusión suficiente para llevarlas a cabo.
  • Si no matas a tiempo la fantasía o esta idea sin evidencia racional, acaba convirtiéndose en una creencia confirmada y asentada que todo el mundo repite, que se admite a pie juntillas y que actúa a todos los niveles, una especie de mito corporativo.”

Le di la razón y me quedé dándole vueltas al asunto.

El mito del paraíso perdido me pareció una verdad indiscutible. Hace unos meses recordé una experiencia similar. Tuve que facilitar como consultor un taller y les propuse una discusión sobre sus oportunidades de mejora como equipo.

Revisando ahora mis notas de la reunión descubro hasta qué punto estuvo plagada su discusión de “elementos míticos” que antes me habrían pasado inadvertidos.

Frases dichas en diversos momentos de la reunión y aceptadas como si nada por todos. El unánime asentimiento del resto de los presentes chocaba con la facilidad con el que cualquiera de ellas podría ser rebatida fuera del contexto de la reunión misma.

De mis anotaciones (entre paréntesis el mito o idea irracional que hay detrás de cada frase):

  • “Perdemos clientes a causa de factores externos y fuera de nuestro control”. (Hay un ser desconocido e invisible que nos quiere perjudicar)
  • “Conocemos muy bien a nuestros clientes y sabemos en qué se basan sus decisiones de compra”. (Tenemos poderes telepáticos)
  • “Los empleados jóvenes son menos proactivos que los de antes”. (Todos, es decir: todos y cada uno y solo porque son jóvenes.)
  • “Si nuestros clientes estuvieran insatisfechos de nosotros ya nos lo habrían dicho…” (Si, no tienen cosas más importantes…)
  • “Nuestros proveedores no nos cuidan como cuidamos nosotros a nuestros clientes”. (La gente que nos rodea y que depende de nosotros, son de menos calidad profesional que nosotros)
  • “Tenemos todavía, gracias a Dios, bastantes clientes fieles” (¿a Dios?)

Aún no estoy seguro de cómo bautizar cada uno de los mitos a los que obedecen estas frases. Nos divertiremos mi amigo y yo buscándolos en nuestra próxima cerveza (a este paso en verano…)

De lo que si estoy seguro es de cómo enfocar mi próxima reunión con este cliente. Ya la he titulado. Será la sesión: “La  caída de los dioses”, como la película de Visconti.


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