El valor de los valores - Human Performance

El valor de los valores

Juggler businessmanMe decía un amigo mío que acaba de cambiar de empresa y que ya le han pasado el consabido cuestionario de competencias y le han dejado caer lo importantísimo que resulta en dicha empresa tales y cuales valores. “¿Sabes? –me comenta- es mi cuarta empresa en los últimos quince años. En cada una de ellas los de RRHH me habláis de valores diferentes y de competencias diferentes. Yo no he cambiado de profesión que yo sepa, sigo siendo ingeniero industrial  y siempre he estado en el mismo sector de actividad. En mi primera empresa primaba, me decían, la proactividad y la orientación a los resultados. Me midieron, me tallaron y me educaron en dichos valores. Pasé a mi segunda empresa, multinacional alemana, yo venia con una alta y firme creencia en que la proactividad y la orientación a resultados eran la clave pero en esta nueva empresa lo importante era más bien la confiabilidad y la precisión. Me midieron y tallaron en ellos y me educaron en sus secretos y habilidades. Entré en mi tercera empresa con un aquilatado bagaje de habilidades y asentadas creencias. Sabía que la proactividad, la orientación a resultados, la confiabilidad y la precisión constituían el secreto del éxito en cualquier Organización y venía armado de toda clase de habilidades para demostrar esta firme creencia; pero en la tercera empresa me dijeron que me olvidara, que en ella lo verdaderamente importante era la comunicación y el sentido del deber organizacional. Tus colegas los de RRHH me dieron un folleto que llamaban: “código de conducta”. En él venían explicados ambos valores con profusión de detalles. Los acepté y me educaron en ellos. Ahora entro en mi cuarta empresa, tengo cincuenta años, Ignacio, y estoy harto. He sabido que en ella el Comité de Dirección moderado por RRHH ha definido como valores fundamentales el respecto humano y la flexibilidad comportamental. Antes de entrevistarme con los de RRHH estoy pensando si decirles que soy objetor de conciencia en lo que a valores toca y que si son tan burros como para no ver el valor de los valores que ya tengo. Soy un profesional proactivo y orientado a resultados, digno de confianza y preciso en mis intervenciones, un profesional que cree en la comunicación y con un alto sentido del deber profesional. Les diré que hasta aquí hemos llegado, que ya soy mayorcito, que me declaro objetor de conciencia y que no admito que se metan en mis creencias. ¿Qué te parece?” Dejé a mi amigo protestando de los de RRHH y pidiendo que nos pusiéramos de acuerdo. Prometí contestarle en otro momento su pregunta y me fui a casa reflexionando en el caso. Las empresas que gestionan en serio en base a valores y los han incluido en sus sistemas como medio de asentar su gestión por competencias en terreno firme han acabado por traspasar una línea muy fina y difícil de ver: la línea de las creencias personales. Creencias en lo relativo al propio concepto de si mismo y de los demás. Cuando decimos a un empleado que nuestros valores corporativos son tales o cuales y queremos llevar la gestión consecuentemente en torno a ellos lo que estamos haciendo es apostar por un tipo de personas frente a otras e influyendo de una manera sutil pero firme en su manera de verse a sí mismos y el mundo que los rodea. La dirección por valores tiene una dimensión ética,  es indudable, y la pregunta de mi amigo es más que una simple “pataleta”. Las nuevas generaciones no esperarán a buen seguro  a la quinta empresa para plantearla. Bueno es que vayamos preparando la respuesta.

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